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Gaviota

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Te digo que vi escaleras, pequeñas casitas apiladas una contra otra, todas de distintos colores dándole vida a los cerros.

Me deslicé planeando raudamente con la brisa de la mañana esa que aparece desde el sur y que peina con penachos de espuma blanca las olas. Fue una visión impresionante, tal como tú me lo habías dicho.

Visité la estatua en la que acostumbrabas a observar el tráfico en el puerto.

Vi las palmas verdes que se cimbraban a la orilla del mar, esas que superan los veinticinco metros y también aquellas imponentes frente a la catedral.  

Traté amiga mía, de ir a todos los sitios donde tú has estado para sentir todo eso que tú me trasmitías al relatarme tu vida en el hermoso puerto de Valparaíso y lo más curioso de todo es que sentí que tú estabas conmigo en cada uno de ellos.